Doctrina

El Mensaje y Fe Bautista

El Seminario Bíblico Teológico Bautista Landmark,  creemos y proclamamos como nuestra Norma de Fe y Práctica las doctrinas bíblicas siguientes:

Artículo I. Acerca de las Sagradas Escrituras

Que las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son la Palabra del Dios vivo, plenaria y verbalmente inspiradas por Dios e inerrables en los manuscritos originales; que son de autoridad suprema y final en toda cuestión de vida y fe, las cuales se deben interpretar normalmente: gramatical, literal e históricamente.

Con el término “Santa Biblia” referimos a los escritos inspirados por Dios, que son 66 libros: 39 en el AT y 27 Escritos en el NT:

librosbiblia

Por inspiración divina afirmamos que la colección de estos 66 libros fueron escritos por hombres históricos y reales de la antigüedad, siendo inspirados o guiados por el Espíritu Santo, de tal manera definitiva que sus escritos fueron producidos sobrenaturalmente en su forma verbal y literal sin error alguno, y que no existe ningún otro libro inspirado y perfecto como las Escrituras.

2ª Tim. 3:16-17; 2ª Pedro. 1:19-21; Hch. 1:16; 28:25; Lc. 24: 25-27; Jn. 12:48; 17:17; Mt. 5:17-18; 22:29; Lc. 16:31; 21:33; 24:44-46; Jn. 5:39, 45-47; 5:39; 16:13-15; 17:17; Hch. 2:16; Ro. 3:4; 15:4; 16:25-26; Efe. 06:17; 1ª Pedro 1:23, 25; Apc. 22:19; Éx. 24:4; Dt. 4:1-2; 17:19; Jos. 8:34; Sal. 19:7-11, 119:89, 105, 130, 160; Prov. 30: 5-6; Is. 08:20; 34:17; 40:8; Jer. 15:16; 36:1-32.

Nota: Creemos que Dios ha preservado Su palabra hasta nuestros días por medio de la línea de manuscritos masoréticos y bizantinos, y por medio de las traducciones a cada idioma ha otorgado una fiel copia de Su verdad, por lo que aceptamos la Reina-Valera hasta la revisión de 1960 (véase el Apéndice A).

Con “interpretación gramatical, literal e histórica”, referimos a las normas hermenéuticas aprendidas en la misma Palabra del Señor.

Artículo II. Acerca de Dios.

Creemos que hay un solo Dios Verdadero y solamente uno, el cual existe eternamente en tres personas iguales: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, quiénes poseen la misma naturaleza y los mismos atributos y perfecciones de la Deidad. Creemos que es un Ser racional, personal e inteligente; un Dios trino: uno en esencia y diferente en oficios. Que es un Espíritu inteligente, infinito, el Fabricante y el Gobernante Supremo de los cielos y de la tierra; indeciblemente glorioso en santidad y digno de todo honor posible, de toda la confianza y de todo el amor; que en la unidad de la Divinidad hay tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, iguales en toda perfección divina, y ejecutando oficios distintos pero armoniosos en la gran obra de la redención.

Inciso A. Dios el Padre

Dios como Padre reina con cuidado providencial sobre todo su universo, sus criaturas, y el fluir de la corriente de la historia humana de acuerdo a los propósitos de su gracia. Él es todopoderoso, omnisciente, todo amor, y todo sabio. Dios es Padre en verdad de todos aquellos que llegan a ser sus hijos por medio de la fe en Cristo Jesús. Él es paternal en su actitud hacia todos los hombres.

Gn.1:1; 2:7; 1:26; 17:1; Éx. 3:14; 6:2-3; 15:11ss; 20:2-3; Lv. 22:2; Dt. 6:4; 32:6; 1º Cró. 29:10; Sal. 19:1-3; Is. 43:3, 15; 64:8; Jer. 10:10; 17:13; Mt 3:16,17; 6:9ss; 7:11; 23:9; 28:19; Mr. 1:9-11; 12:30; Jn. 4:24; 5:26; 10:30; 14:6-11; 15:26; 17:5; Hch. 1:7; Ro. 11:33; 1ª Cor. 8:6; 2:10-11; 12:4-6; 2ª Cor. 13:14; Efesios 2:18; 4:6; Fil. 2:5-6; 1ª Tim. 1:17; 1ª Juan 5:7; Ap. 4:11.

Inciso B. Acerca de Dios el Hijo

Creemos que el Señor Jesucristo es la encarnación de Dios, y es el Hijo Eterno del Padre; en cuanto a su humanidad fue engendrado por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, por concepción virginal. Jesús reveló y cumplió perfectamente la voluntad de Dios, tomando sobre Sí mismo la naturaleza humana con sus demandas y necesidades e identificándose completamente con la humanidad, pero sin pecado, es decir, Jesús jamás pecó. Jesús fue levantado de entre los muertos con su propio cuerpo resucitado y glorificado, y apareció a Sus discípulos tal como Él siempre fue, en su propio cuerpo resucitado. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Que murió y resucitó físicamente, en cuyo cuerpo físico está en el cielo a la diestra de Dios. En su persona se ha completado y logrado la redención del hombre. Jesús es el Rey de Israel que un día reinará física y literalmente en la tierra por mil años; es el Mesías de Dios, el Centro de todo el mensaje bíblico y el único Camino al Padre. Cuando regrese vendrá con poder y gran gloria para juzgar al mundo y consumar su obra. Él mora eternamente en todos los creyentes como Salvador y Redentor por la obra del Espíritu Santo.

Gn. 18:1ss; Sal 2:7ss; 110.1ss; Is 7:14; 53; Mt. 1:18-23; 3:17; 8:29; 11:27; 14:33; 16:16,27; 17:5; 27; 28:1-6,19; Mr. 1:1; 3:11, Lc. 1:35; 4:41; 22:70; 24:46; Juan 1:1-18, 29; 10:30, 38; 11:25-27; 12:44-50; 14:7-11; 16:15-16,28; 17:1-5, 21-22; 20:1-20, 28; Hch. 1:9; 2:22-24; 7:55-56; 9:4-5, 20; Ro. 1:3-4; 3:23-26; 5:6-21; 8:1-3, 34; 10:4; 1ª Cor. 1:30; 2:2; 8:6; 15:1-8, 24-28; 2ª Cor. 5:19-21; 8:9; Gál. 4:4-5; Ef. 1:20; 3:11; 4:7-10; Fil. 2:5-11; Col. 1:13-22; 2:9; 1ª Tes. 4:14-18; 1ª Tim. 2:5-6; 3:16; Tito 2:13-14; He. 1:1-3; 4:14-15; 7:14-28; 9:12-15, 24-28; 12:2; 13:8; 1ª P. 2:21-25; 3:22; 1ª Jn. 1:7-9; 3:2; 4:14-15; 5:9; 2ª Jn. 7-9; Ap (Rv.) 1:13-16; 5:9-14; 12:10-11; 13:8; 19:16. Mt. 1:18-20; Lc 1:35; Jn.1:1-14; 14:6; 2:11; Gá. 4:4; 1 Ti. 3:16; 1ª Cor. 15.

Inciso C. Acerca del Espíritu Santo

Creemos que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Divina Trinidad, inspirador de Las Sagradas Escrituras y Agente de la regeneración de las almas. Él es el Espíritu de Dios y de Jesús, es completamente divino y perfecto. Mediante la iluminación Él capacita a los personas para entender la verdad y así poder responder al mensaje del Evangelio. Él exalta solamente a Jesucristo. Él es quien convence a los humanos de pecado, de justicia y de juicio. Él es quien llama y guía a los hombres al arrepentimiento y al Salvador, y es quien efectúa la regeneración. Cuando el hombre es atraído, y comprende el Evangelio, podrá decir creer o rechazar a Cristo. Él es quien sella y bautiza al creyente en el momento de creer y habita eternamente en el creyente, revistiéndolo de poder para la vida y servicio cristiano mediante la obediencia, hasta el día final. Es la presencia del Espíritu Santo en el creyente lo que asegura la salvación y la perseverancia del creyente. Él ilumina y da la capacidad al creyente y a la iglesia para la adoración, el evangelismo y el servicio. Se contrista cuando el creyente peca y se apaga cuando se le resiste o desobedece.

Gn. 1:2; Jue. 14:6; Job 26:13; Sal. 51:11; 139:7ss; Is. 61:1-3; Joel 2:28-32; Mt. 1:18; 3:16; 4:1; 12:28-32; 28:19; Mr. 1:10, 12; Lc. 1:35; 4:1, 18-19; 11:13; 12:12; 24:49; Jn. 4:24; 14:16-17, 26; 15:26; 16:7-14; Hch. 1:8; 2:1-4, 38; 4:31; 5:3; 6:3; 7:55; 8:17, 39; 10:44; 13:2; 15:28; 16:6; 19:1-6; Ro. .9-11, 14-16, 26-27; 1ª Cor. 2:10-14; 3:16; 12:3-11, 13; Gál. 4:6; Ef. 1:13-14; 4:30; 5:18; 1ª Tes. 5:19; 1ª Ti. 3:16; 4:1; 2ª Ti. 1:14; 3:16; He. 9:8, 14; 2ª P. 1:21; 1ª Jn. 4:13; 5:6-7; Ap (Rev.) 1:10: 22:17. Mt. 28:19; Jn. 3:5; Ro. 8:11; 1 Co. 12:13; Ef. 1:13; 4:30,5:18; 1 Ts 5:19; 2 P. 1:20,21.

Artículo III: Acerca del Hombre

Creemos que el hombre (varón y mujer) fue creado a imagen de Dios, y no es evolucionado. La dádiva del género es, por tanto, parte de la bondadosa creación de Dios. Al principio el hombre fue inocente y dotado de libre albedrío ilimitado, con la capacidad de elección. Por su propia decisión el hombre pecó contra Dios y trajo la muerte y el pecado a toda la raza humana. Por medio de la tentación satánica el hombre transgredió el mandamiento de Dios y cayó de su estado original de inocencia, heredando a su descendencia la muerte y una naturaleza inclinada al mal y que su caída voluntaria trajo como consecuencia, para toda la raza humana, la depravación total y la muerte física y espiritual. El hombre, después de la caída, no puede elegir nacer sin pecado. Sin embargo, está dotado de libre albedrío limitado y por ello todos los seres humanos, aunque nacen con una naturaleza pecaminosa, son responsables de sus pensamientos, palabras y hechos. Que la familia la constituye un varón y una mujer unidos en matrimonio, y cualquier otro tipo de relación es antinatural y antibíblica. Que cualquier unión sexual que no sea entre un varón y una mujer dentro de los lazos del matrimonio y bajo las determinantes bíblicas, son una desviación de la Verdad de la unidad familiar, y son execrables.

Gn. 1:26-30; 2:5, 7:18-22; 3; 9:6; Sal. 1; 8:3-6; 32:1-5; 51:5; Is. 6:5; Jer. 17:5; Mt. 16:26; Hch. 17:26-31; Ro. 1:19-32; 3:10-18, 23; 5:6,12,19; 6:6; 7:14-25; 8:14-18, 29; 1ª Cor. 1:21-31; 15:19, 21-22; Ef. 2:1-22; Col. 1:21-22; 3:9-11; Gn. 1:26; Is. 53:6; Ro. 3:9, 10, 22-23; 5: 12, 19; 6:23; Gá.5:17-21.

Artículo IV: Acerca de la Obra de Cristo

Creemos que la muerte de Jesucristo en la cruz fue un sacrificio vicario y expiatorio; y por el derramamiento de su sangre, su resurrección corporal y su ascensión a la diestra del Padre, Él provee la salvación para todos y es El Salvador de todos los que creen en Él y le reciben. Ahora está en el cielo como intercesor y abogado a favor de los creyentes. Creemos que Cristo resucitó corporalmente “El tercer día según las Escrituras”; que ascendió “a la diestra del trono de Dios”; que sólo Él es nuestro “sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios”; “Que este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera como le habéis visto ir al cielo”, corporal, personal y visiblemente.

Mat. 28: 6-7; Hechos 24:39; Juan 20:27; 1 Cor. 15: 4; Marcos 16: 6; Lucas 24: 2-7; Hechos 1: 9, 11; Lucas 24:51; Marcos 16:19; Rev. 3:21; He. 8: 1; He. 12: 2; He. 8: 6; I Tim. 2: 5; I Juan 2: 1; He. 02:17; He. 5: 9-10; Juan 14: 3; I Tes. 04:16; Mateo 24: 27, 42; He. 09:28; I Cor. 15: 42-44, 51 a 53; I Tes. 04:17; Phil. 3: 20-21; Lucas 1:32; I Cor. 15:25; Es un. 11: 4-5; Sal. 72: 8, Apocalipsis 20: 1-4; Apocalipsis 20: 61 Co. 5:6-8;1 Ti. 2:6; He. 7:25; 1 P. 3:18; 1 Jn. 2:1.

Artículo V: Acerca de la Salvación.

Creemos que, para salvarse, los pecadores deben nacer de nuevo; que el nuevo nacimiento es una nueva creación en Cristo Jesús; que es instantánea y no un proceso; que en el nuevo nacimiento el muerto en sus delitos y pecados se hace partícipe de la naturaleza divina y recibe la vida eterna, el don gratuito de Dios; que la nueva creación se produjo de una manera por encima de nuestra comprensión, no por la cultura, no por carácter, ni por la voluntad del hombre, sino única y exclusivamente por el poder del Espíritu Santo en relación con la verdad divina, a fin de asegurar nuestra obediencia voluntaria al Evangelio; que su evidencia apropiada aparece en los santos frutos del arrepentimiento y la fe y la vida nueva. Creemos que cualquier hombre o mujer puede ser salvo, y que cualquiera que recibe al Señor Jesucristo como Salvador mediante la fe, aparte de cualquier obra humana, es “nacido de lo alto”, y llega a ser así hijo de Dios, “creado en Cristo Jesús para buenas obras”. Por tanto, la salvación implica la redención total del hombre y se ofrece gratuitamente para todos los que crean en Jesucristo como Salvador y Señor, quien por Su propia sangre obtuvo redención eterna para cada creyente. Por ello, la salvación incluye la regeneración, la justificación, la santificación y la glorificación. No existe salvación fuera de la fe en Jesucristo.

  1. Inciso A. Que todos los redimidos son guardados eternamente por el poder de Dios, o sea, poseen seguridad eterna, debido a los siguientes factores: a) el carácter y propósito eterno del Padre, b) la presente obra del Hijo, c) la presencia permanente del Espíritu Santo en el creyente, d) la naturaleza del Don de la vida eterna.
  2. Inciso B. Que la salvación es ofrecida a todos los hombres sin distingo de raza, economía o sociabilidad, y que ha sido hecha eficaz solamente en aquellos que han creído en Cristo Jesús.
  3. Inciso C. Que el arrepentimiento y la fe son experiencias inseparables ofrecidas a todo hombre por la gracia de Dios, siendo el arrepentimiento una genuina vuelta hacia Dios y que la fe es la aceptación de Jesucristo y la dedicación de la persona del creyente totalmente a Él, haciéndolo su Señor y Salvador.
  4. Inciso D. Que la regeneración o nuevo nacimiento es el acto por el cual Dios, en Su gracia, hace en nuevas criaturas a quienes creen en el Señor Jesucristo. Es una regeneración del corazón, que es efectuada por el Espíritu Santo mediante la obra de convencimiento, donde el pecador comprende el pecado, la justicia y el juicio, y así responde en arrepentimiento hacia Dios por la fe en la obra terminada de Jesucristo.
  5. Inciso E. Que la justificación es la obra de gracia de Dios y la completa absolución basada en los principios de su gracia hacia todos los pecadores que se arrepientan y crean en Jesucristo. La justificación coloca al creyente en una relación de paz y favor con Dios.
  6. Inciso F. Que la santificación es la experiencia que Dios ofrece al creyente al ser salvado, mediante la cual es separado para Dios y Sus propósitos, y es capacitado para crecer en la madurez moral y espiritual por medio de la presencia permanente del Espíritu Santo en su vida.
  7. Inciso G. Que la glorificación es la culminación de la salvación y es el estado bendito y permanente de los redimidos desde su conversión hasta que lo alcance completo al final de los tiempos.
  8. Inciso H. Que todo creyente debe seguir creciendo ininterrumpidamente durante toda su vida cristiana en este mundo.

Jn. 3:6-7; 5:24; 10:28; Ro. 3:20; 8:1, 6, 9, 29, 30; Ef. 2:8-9; Tit. 3:5; 1 Jn. 5:11-12. Génesis 3.15; Éxodo 3.14-17; 6.2-8; Mateo 1.21; 4.17; 16.21-26; 27.22-28.6; Lucas 1.68-69; 2.28-32; Juan 1.11-14,29; 3.3-21,36; 5.24; 10.9,28-29; 15.1-16; 17.17; Hechos 2.21; 4.12; 15.11; 16.30-31; 17.30-31; 20.32; Romanos 1.16-18; 2.4; 3.23-25; 4.3 y sgts.; 5.8-10; 6.1-23; 8.1-18,29-39; 10.9-10,13; 13.11-14; 1 Corintios 1.18, 30; 6.19-20; 15.10; 2 Corintios 5.17-20; Gálatas 2.20; 3.13; 5.22-25; 6.15; Efesios 1.7; 2.8-22; 4.11-16; Filipenses 2.12-13; Colosenses 1.9-22; 3.1 y sgts.; 1 Tesalonicenses 15.23-24; 2 Timoteo 1.12; Tito 2.11-14; Hebreos 2.1-3; 5.8-9; 9.24-28; 11.1-12.8,14; Santiago 2.14-26; 1 Pedro 1.2-23; 1 Juan 1.6-2.11; Apocalipsis 3.20; 21.1-22.5

Artículo VI: Acerca de la Separación Cristiana.

Que cada persona que se halla “en Cristo” está santificada (separada) para Dios y su gloria. Ésta santificación no es la erradicación de la naturaleza adámica, la cual continúa en nosotros hasta el día de la redención final. Sin embargo, Dios ha hecho provisión mediante la muerte de Cristo para que el creyente practique a diario la vida santa conforme a los principios bíblicos. Creemos en la doctrina de la Separación, donde el creyente debe separarse del mundo y vivir en santidad de vida para Cristo Jesús. Por tanto, creemos en la santificación como un estado (posicional), como un estilo de vida (práctica) y como un resultado inevitable de la salvación (futura). El creyente debe vivir separado del pecado y conforme al carácter de Cristo.

Creemos que este tipo de creyentes son sólo creyentes verdaderos que son salvos y que perseverarán hasta el fin; porque su adhesión perseverante a Cristo es la gran marca que los distingue de los profesos superficiales; y porque la Providencia especial vela por su bienestar, crecimiento y fin; y que se mantienen por el poder de Dios mediante la fe para la salvación eterna.

Creemos que hay una diferencia radical y esencial entre los justos y los perdidos. Que solamente por medio de la fe son justificados en el nombre del Señor Jesús todo aquel que cree, y son santificados por el Espíritu de nuestro Dios, llegando a ser verdaderamente justos en su ser; mientras que todos los que siguen en la oscuridad del pecado y la incredulidad, son malvados a los ojos de Dios, y están bajo la maldición eterna. Esta distinción existe entre todos los hombres, tanto durante y después de la muerte, en la felicidad eterna de los salvos y el eterno sufrimiento consciente de los perdidos. En el Espíritu de Cristo, los cristianos deben oponerse al racismo, a toda forma de codicia, egoísmo, vicio, a todas las formas de inmoralidad sexual, incluyendo el adulterio, la homosexualidad y la pornografía.

Ro. 6:6,11-13; 12:1-2; 1Co. 1:2; Gá. 5:16,17; 1ª Juan 2:6. Juan 8: 31-32; Colosenses 1: 21-23; I Juan 2:19; Mat. 13: 19-21; ROM. 08:28; Sal. 121: 3; He. 1:14; I Pedro. 15; Fil. 16; Juan 10: 28-29; ROM. 8: 35-39; Mal. 03:18; Génesis 18; 23; ROM. 6: 17-18; Prov. Once y treinta y uno; I Pedro 1:18; Rom.1: 17; I Cor. 15:22; Hechos 10: 34-25; I Juan 2:29; ROM. 06:16; I Juan 5:19; Galón 03:10; Rom.7: 6; ROM. 06:23; Prov.14: 32; Lucas 16:25; Mateo 25: 34,41; John 8:21 Lucas 9:26; Juan 12:25, Mateo 7: 13-14.

Artículo VII: Acerca de la Elección Divina.

La Elección Divina es el acto por medio del cual Dios regenera, justifica, santifica y glorifica a todo aquel que creen en Jesucristo. La elección se efectúa en Cristo y somos predestinados antes de la fundación del mundo y que es obra de su gracia mediante la cual nos escoge desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, y que al mismo tiempo es evidente que cada persona es responsable de responder voluntaria y conscientemente a la iniciativa de Dios. Dentro del Plan de Dios, es Él quien elige, predestina y salva en Cristo, es decir a los creyentes; y ha dado al hombre en Su gracia la capacidad propia para tomar una decisión de fe, en respuesta a la oferta salvadora, sin que por ello esa oferta de fe sea una obra humana ni un acto externo que haga al hombre coautor de la salvación, ni a Dios con acepción de personas. Por tanto, la elección es consistente con el libre albedrío del hombre, e incluye todos los medios relacionados con el fin. Es la gloriosa expresión de la bondad soberana de Dios, y es infinitamente sabia, santa e inmutable. Excluye la jactancia y promueve la humildad. Todos los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin porque son escogidos para ser santos y sin mancha.

Aquellos a quienes Dios ha aceptado en Cristo y santificado por su Espíritu, jamás caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Los creyentes pueden caer en pecado por negligencia y tentación, por lo cual contristan al Espíritu, menoscaban sus virtudes y su bienestar, y traen reproche a la causa de Cristo y juicios temporales sobre sí mismos; sin embargo, ellos serán guardados por el poder de Dios mediante la fe para salvación.

Génesis 12.1-3; Éxodo 19.5-8; 1 Samuel 8.4-7,19-22; Isaías 5.1-7; Jeremías 31.31 y sgts.; Mateo 16.18-19; 21.28-45; 24.22,31; 25.34; Lucas 1.68-79; 2.29-32; 19.41-44: 24.44-48; Juan 1.12-14; 3.16; 5.24; 6.44-45,65; 10.27-29; 15.16; 17.6,12.17-18: Hechos 20.32; Romanos 5.9-10; 8.28-29; 10.12-15; 11.5-7,26-36; 1 Corintios 1.1-2; 15.24-28; Efesios 1.4-23; 2.1-10; 3.1-11; Colosenses 1.12-14; 2 Tesalonicenses 2.13-14; 2 Timoteo 1.12; 2.10,19; Hebreos 11.39-2.2; Santiago 1.12; 1 Pedro 1.2-5,13; 2.4-10; 1 Juan 1.7-9; 2.19; 3.2.

Artículo VIII. Acerca del Dispensacionalismo.

Que el Señor ha trabajado con la Humanidad por medio de Dispensaciones, es decir, períodos administrativos claramente definidos en las Escrituras, siendo siete dispensaciones, las cuales son: Inocencia, Conciencia, Gobierno Humano, Promesa, Ley, Gracia y Reino Milenial. Que el dispensacionalismo es una doctrina bíblica, y parte central del Plan Eterno de los Siglos. Que existe una diferencia clara entre Israel y la Iglesia, siendo la Iglesia la nueva sociedad en Cristo. Que estamos en la edad de la Gracia, y esperamos a Jesús para que arrebate a su iglesia y establezca el Reino Milenario después de la Tribulación de aquellos días.

Ef. 2: 7; 3:5, 9; He. 1:2; Jn. 1:17; cf. Mt. 5:21-22; 2 Co. 3:11; He. 7:11-12; Mt. 28:20; 2ª P. 3:7; Ap. 20:11; Is. 66:22.

Artículo IX. Acerca de la Iglesia

Creemos que cada creyente es unido al Cuerpo de Cristo por la obra del bautismo del Espíritu Santo, y se hace miembro de la iglesia local a la cual debe pertenecer. Por tanto:

  1. No creemos en una iglesia universal, sino en la Familia de Dios, la iglesia local, visible, bautista y claramente definida en la localidad, que es el Baluarte de la Verdad.
  2. Una iglesia bautista, fundada en el Nuevo Testamento, es una congregación local y autónoma de creyentes bautizados por inmersión, y asociada con otras iglesias locales mediante el Pacto del Mensaje y Fe Bautista, cuyo compañerismo es mediante la obediencia de las Escrituras.
  3. Cada iglesia local debe cumplir las dos ordenanzas dadas por Jesús en Su Palabra, y debe estar gobernada por los principios neotestamentarios del Espíritu Santo, ejercitando los dones, derechos y privilegios con los cuales ha sido investida por Su Palabra, luchando por predicar el Evangelio hasta el fin de toda la tierra.
  4. Cada iglesia local debe actuar bajo el señorío de Jesucristo, y bajo el orden de la Asamblea que está formada por los miembros, tomando decisiones y acciones solamente mediante la democracia cristiana. Por ello, en cada congregación cada miembro individualmente es responsable de dar cuentas a Jesucristo, quien es su Señor y Salvador.
  5. La iglesia bautista solamente reconoce como oficiales dotados por el Espíritu Santo a los pastores (ancianos) y diáconos. Los demás ministerios están sujetos a este administrativo, y por efecto, el administrativo está sujeto al Señor.
  6. Aunque creemos que Dios salva a varones y mujeres y les dota de dones y ministerios, el oficio del pastor está limitado a los varones, como lo limita la Escritura.
  7. Que los pastores dedicados a tiempo completo son dignos de su salario, y por tanto, cada iglesia debe proveer y facilitar los medios de subsistencia de cada pastor.
  8. En obediencia a las Escrituras guardamos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios en la Iglesia local de que somos parte.
  9. La iglesia local es la única iglesia real, y está formada por creyentes nacidos de nuevo de todas las edades, creyentes de cada tribu, lengua, pueblo y nación, y no pertenece a la ley.
  10. Deseamos mantener relación para el alcance de fines específicos y el avance del Evangelio, con grupos que sustente en fe y práctica esta misma norma de fe, por lo cual rechazamos todo ecumenismo, y vínculo con grupos carismáticos o pentecostales.
  11. Creemos que la iglesia fue investida de poder en Hechos 2, pero que fue fundada por Jesucristo durante su ministerio terrenal, ya que la iglesia es un cuerpo de creyentes bautizados por inmersión, y agrupados localmente para realizar la voluntad de su Cabeza y Fundador, Cristo Jesús.
  12. Es un cuerpo local y en ningún sentido universal o invisible.
  13. Ninguna persona que no haya creído en Cristo y demostrado el abandono de sus prácticas religiosas anteriores, podrá ser miembro de la ABIML.

Mt. 16.15-19; 18.15-20; Hch. 2.41-42, 47; 5.11-14; 6.3-6; 14.23,27; 15.1-30; 16.5; 20.28; Ro. 1.7; 1ª Corintios 1.2; 3.16; 5.4-5; 7.17; 9.13-14; 12; Ef. 1.22-23; 2.19-22; 3.8-11,21; 5.22-32; Fil. 1:1; Col. 1.18; 1ª Ti. 2.9-14; 3.1-15; 4.14; He. 11.39-40; 1ª P. 5.1-4; Ap. 2-3; 21.2-3.; Ef. 4:13, Jn. 17:21-23; Mt. 4:18-22; 9:15; Jn. 3:29; Hch. 2:41; Ef. 5:23; Mt. 16:18; Hch. 2:41, 47; Ro. 16:16; 1ª Cor. 1:2

Artículo XII. Acerca de las Ordenanzas.

Creemos que el Señor instituyó dos ordenanzas:

  1. El bautismo administrado por inmersión en agua en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    1. El bautismo cristiano es el acto físico mediante el cual el creyente es literalmente sumergido en las aguas como símbolo de su bautismo del Espíritu Santo cuando fue salvado, y que simboliza la fe del creyente en un Salvador crucificado, sepultado y resucitado corporalmente, y también la muerte del creyente al pecado, el haber sido sepultado de su vida antigua y resucitado a novedad de vida para seguir con fidelidad al Salvador Jesucristo.

    2. El bautismo es un testimonio de su fe en la resurrección final de la cual será parte cuando Jesús venga por Su Iglesia.

    3. El bautismo es requisito indispensable para ser miembro de la iglesia y para poder participar de la Cena del Señor.

    4. El bautismo es aplicado solamente a quienes pueden decidir por Cristo, por lo que los niños no son bautizados, ni las personas que son incapaces de tomar decisiones, creyendo que si mueren en esta condición son guardados por el amor y el poder de Dios.

    5. El bautismo realizado en las iglesias bautistas de sana doctrina es válido para siempre, como lo es la regeneración una vez efectuada en Cristo, e irrepetible.

    6. El bautismo efectuado por iglesias que no son de sana doctrina no es válido, y por tanto, no es merecedor para traslado o participar de la cena del Señor.

  2. La Cena del Señor es un acto simbólico de la obediencia a Cristo, por la cual los miembros de cada iglesia local, al participar de ella, conmemoran la muerte y resurrección de Cristo, anunciando Su segunda venida.

    1. La Cena del Señor se compone por los elementos del pan y del jugo de la vid, y es el reconocimiento de la comunión con Dios y con la iglesia local, practicada por la iglesia hasta que Él venga.

    2. Debe ser precedida por un auto examen espiritual del creyente individualmente.
    3. Pueden participar de ella solamente los nacidos de lo alto y que están en plena comunión con la iglesia local a la cual pertenecen, siendo bautizados por la fe, según el artículo sobre el bautismo.

    4. Los miembros de otras iglesias pueden tomar la cena del Señor solamente si demuestran ser auténticos fieles, miembros activos y miembros de los Landmark, y han hecho su carta apropiada de traslado, cumpliendo los requisitos propuestos.

Mateo 3.13-17; 26.26-30; 28.19-20; Marcos 1.9-11; 14.22-26; Lucas 3.21-22; 22.19-20; Juan 3.23; Hechos 2.41-42; 8.35-39; 16.30.33; 20.7; Romanos 6.3-5; 1 Corintios 10.16,21; 11.23-30; Colosenses 2.12; Mt. 28:19; Hch. 2:38-41; 10:47,48.

Artículo XIII. Acerca de la Misión de la Iglesia.

Es un deber y también un privilegio de cada creyente en Cristo y de cada iglesia local fundada en las Escrituras, de evangelizar y hacer discípulos para Cristo de todas las naciones. El nuevo nacimiento es la muerte del antiguo ser para dar lugar a un nuevo ser lleno del amor del Espíritu Santo en el corazón. Por tanto, cada creyente debe ser un testigo fiel del Señor y cada iglesia debe apoyar y sostener hasta donde Dios le capacite las misiones evangelizadores que le sean otorgadas. El testificar es una natural consecuencia del nuevo nacimiento y es el acto visible de la iglesia local en predicar al Cristo que le ha redimido. En obediencia al mandato de predicar el Evangelio mientras vamos, cada hijo de Dios procura comunicar el mensaje de alguna forma a sus vecinos, amigos y familiares, mediante su testimonio cristiano y por medio de otros medios que el Señor provea.

Génesis 12.1-3; Éxodo 19.5-6; Isaías 6.1-8; Mateo 9.37-38; 10.5-15; 13.18-30,37-43; 16.19; 22.9-10; 24.14; 28.18-20; Lucas 10.1-18; 24.46-53; Juan 14.11-12; 15.7-8,16; 17.15; 20.21; Hechos 1.8; 2.; 8.26-40; 10.42-48; 13.2-3; Romanos 10.13-15; Efesios 3.1-11; 1 Tesalonicenses 1.8; 2 Timoteo 4.5; Hebreos 2.1-3; 11.39-12.2; 1 Pedro 2.4-10; Apocalipsis 22.17

Artículo XIV. Acerca de los Dones Espirituales.

Reconocemos la soberanía de Dios para dar cualquier don a su iglesia en distinta época, sin que viole sus propósitos para ello. Creemos en la ministración actual de los dones espirituales bíblicos de Ro. 12, Efesios 4 y 1ª Pedro 4, con excepción de los dones de lenguas, apostolado, milagros, profecía, sanidades y nuevas revelaciones, mencionados en 1ª Co. 12. Creemos que estos dones han cumplido su propósito para lo cual fueron instituidos, no siendo para la época presente.

1 Co. 13:8, 14:22, Ef. 2:20, Heb. 2:3-4.

Artículo XVI. Acerca de la Sanidad Divina.

Dios sana en respuesta a la oración de fe, con o sin medios médicos de acuerdo a su soberana discreción y voluntad. Si Dios no efectúa la sanidad no es necesariamente un indicio de incredulidad o de pecado en la vida del creyente. Jesús realizó tres tipos básicos de sanidad: 1) Restauración del cuerpo, incluyendo la resurrección; 2) Echar fuera demonios; 3) Milagros en la naturaleza; pero a Sus apóstoles solamente les dio la autoridad de sanar y echar fuera demonios. Solamente los Apóstoles (y no todos los creyentes) tenían el poder de sanar y echar fuera demonios. Creemos que actualmente no existen las sanidades sobrenaturales como evidencia del poder del Evangelio, aunque pueden acompañarlo. Creemos que es Dios (sin intermediación humana alguna) quien realiza sanidades actualmente como respuesta a la oración de fe. De igual manera existen sanidades por influencia sicológica y por poder demoníaco, por lo cual es necesario probar los espíritus. No siempre habrá sanidad como respuesta de la oración de fe, ya que el Plan y Propósito de Dios en una persona se habrán de cumplir satisfactoriamente. La enfermedad puede ser causada:

  1. Porque Dios lo permite, está en Su plan y es parte de sus propósitos santos.
  2. Porque Dios permite que Satanás pueda enfermar para prueba, angustia o castigo.
  3. Porque Dios permite que el pecado afecte físicamente a un creyente o a un pecador.

Aunque rechazamos la sanidad como la enseña el carismatismo pentecostal, reconocemos enfáticamente que Dios sí sana, debido a las siguientes razones:

  1. Porque en Su esencia la salud y la restauración son partes inseparables.
  2. Porque Él ha prometido sanar a quienes creen al final de los tiempos, y por ello, puede extender Su gracia a favor de los suyos en estas épocas según Su propósito.
  3. Porque Él ha establecido sanar físicamente cuando Él quiere hacerlo.

No obstante a la promesa de la sanidad, Dios no sanará la enfermedad producida por desobediencia, descuido o negligencia. Cada creyente debe acudir al médico, aprovechando la ciencia ofrecida por Dios al mundo, para alcanzar aquella salud física que Dios ha permitido otorgar mediante la medicina. Es deber de cada creyente cuidar su cuerpo mediante el ejercicio, la dieta adecuada, el control propio y la obediencia a la Palabra de Dios.

Mt. 10:1; 2ª Cor. 12:12; Mr. 16:20; He. 2:3-4; 8:6-7; Stg. 5:16; Fili. 2:25-27; 2ª Ti. 4:20; Éx. 4:11; Lc. 13:11-13; Job 1; 2ª Cor. 12:7; Núm. 12; Dt. 28:20-22; Sal. 119:67; Éx. 15:26; Jer. 33:3-6; Mt. 21:22; Jn. 14:13-14; 16:24; Mt. 8:17; Is. 38:21; Mt. 9:12.

Artículo XVII. Acerca de la Adoración Cristiana.

Creemos que la adoración cristiana es la expresión del espíritu a Dios (Efesios 5:18-20) y la natural consecuencia de la aplicación práctica de la Biblia a la vida del creyente (Col 3:16-18). Por tanto, creemos que la alabanza debe ser conservadora, con decencia y orden (1ª Corintios 14:40), con himnos que exalten y glorifiquen el Nombre del Señor Jesús, y que ninguna expresión emocional debe superar el razonamiento dirigido por el Espíritu (Ro. 12:1-2). Promovemos y defendemos el uso de los himnarios bautistas en la iglesia local.

Artículo XVIII. Acerca de la Gracia de Dar.

Dios es la Fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales. Todo lo que tenemos y alcanzamos le pertenece y nos lo ha dado para que lo administremos para Su gloria. Somos deudores a la gracia de Dios y estamos obligados a dar a favor del ministerio, de los necesitados y de la iglesia de Dios. Por tanto, estamos bajo la obligación de servir a Dios con nuestro tiempo, talentos y posesiones materiales, y debemos reconocer que todo esto nos ha sido confiado para que lo usemos para la gloria del Señor y la edificación de su iglesia.

Las Escrituras nos indican que es deber de cada iglesia y de cada creyente ser generoso para Dios y Su obra. Por tanto, creemos que:

  1. La entrega de porciones de las Escrituras es el principal objetivo acerca de la Gracia de Dar.
  2. Que la ofrenda cristiana es superior a la Ley de Moisés, y por tanto, el creyente debe dar aún más allá del diezmo, ofreciendo ofrendas y ministerios para la gloria del Señor, y que debe hacerlo con alegría, regularmente, sistemáticamente, liberalmente y proporcionalmente para el progreso del Reino de Dios en la tierra.

  3. Que el diezmo es el mínimo ofrecido al Señor y que le pertenece a Él.
  4. Ayudar a los pobres es un ministerio integral de la iglesia local mediante la ayuda de la beneficencia.

Génesis 14.20; Levítico 27.30-32; Deuteronomio 8.18; Malaquías 3.8-12; Mateo 6.1-4,19-21; 19.21; 23.23; 25.14-29; Lucas 12.16-21,42; 16.1-13; Hechos 2.44-47; 5.1-11; 17.24; 25.20-35; Romanos 6.6-22; 12.1-2; 1 Corintios 4.1-2; 6.19-20; 12; 16.1-4; 2 Corintios 8-9; 12.15; Filipenses 4.10-19; 1 Pedro 1.18-19.; 2ª Cor. 8:7; 1ª Cor. 16:2; Lv. 27:30; Hch. 4:34-37.

Artículo XIX. Acerca del Compañerismo Bautista.

El pueblo bautista, redimido en la sangre del Señor, y fiel a las ordenanzas de las Escrituras, debe organizar, según la ocasión y los medios lo requieran, Convenciones o Conferencias de Sana Doctrina que puedan asegurar de la mejor manera posible la cooperación entre las diferentes congregaciones de la misma fe bautista. Tales Convenciones o Conferencia no pueden tener injerencia ni dominio sobre la autonomía y gobierno de cada iglesia local, sino que son coordinadas y organizadas voluntariamente por todas las iglesias bautistas de la misma fe para predicar, transmitir, enseñar y dirigir la Sana Doctrina Bíblica, según es enseñada en las Escrituras.

Como iglesias bautistas fundadas en las doctrinas del Nuevo Testamento, deben cooperar unas con otras para llevar adelante los ministerios misioneros, educaciones y de beneficencia para la extensión del Reino de Dios. La unidad cristiana, en el sentido del Nuevo Testamento, es armonía espiritual y cooperación voluntaria para fines comunes por varias iglesias locales del pueblo bautista.

Las iglesias nacientes o las iglesias que han quedado sin pastor, recibirán el apoyo de los pastores y obreros aprobados por la ACBEL en la conformación del Comité Pro-Pastor y en la búsqueda del mismo.

La cooperación con otras denominaciones no bautistas solamente es deseable cuando comparten la fe y mensaje bautista en obediencia a las Escrituras, y que no incluya violación alguna con el mensaje y fe bautista, o más gravemente, un compromiso o ideal contrario a la lealtad a Cristo Jesús y su Palabra perfecta, tal como se revela en el Nuevo Testamento. Excluimos a las iglesias llamadas bautistas pero que no son bautistas en práctica o doctrina, o que hayan absorbido parcial o totalmente las costumbres y enseñanzas pentecostales-carismáticas.

Éxodo 17.12; 18.17 y sgts.; Jueces 7.21; Esdras 1.3-4; 2.68-69; 5.14-15; Nehemías 4; 8.1-5; Mateo 10.5-15; 20.1-16; 22.1-10; 28.19-20; Marcos 2.3; Lucas 10.1 y sgts.; Hechos 1.13-14; 2.1 y sgts.; 4.31-37; 13.2-3; 15.1-35; 1 Corintios 1.10-17; 3.5-15; 12;2 Corintios 8 y 9; Gálatas 1.6-10; Efesios 4.1-16; Filipenses 1.15-18.

Artículo XX. Acerca del Reino de Dios y el Día del Señor.

El Reino de Dios es la soberanía absoluta y general de Dios sobre el universo, como su señorío particular sobre los hombres que voluntariamente lo reconocen como Rey. Cada creyente en todas las edades ha tenido un día sobre el cual dedica su vida a la honra y alabanza de su Rey.

El Reino de Dios. Jesús es el Rey del reino davídico y es el Rey de todo el universo, por lo que es necesario distinguir entre el Reino de Dios y el Reino de los cielos; el Reino de Dios es el reino universal, que incluye el Reino Milenario; mientras que el Reino de los cielos es el reino terrenal que Jesús cumplirá por medio de Su Iglesia. El Reino de los cielos revelado en Mateo refleja las leyes y principios del Reino Milenario, y otorga a los creyentes principios de vida. El Reino de Dios, por ser universal, incluye al Reino celestial, que es temporal y material. Al Reino de Dios se entra por la promesa hecha a Cristo, pero el Reino de los cielos se entra por la sola fe en Él.

El Día del Señor. El Día del Señor en este caso es el día semanal apartado para Dios. El sábado fue el día del pueblo judío, dado como pacto para ellos, y no aplicable a la iglesia del Señor. El primer día de la Semana, el Domingo, es el Día del Señor. Es una institución cristiana que debe ser observada regularmente por cada iglesia y creyente. En este día se conmemora la resurrección de Jesús de entre los muertos, y debe incluir el culto cristiano y devoción espiritual, tanto públicos como privados. Las actividades en el Día del Señor deben estar de acuerdo con la enseñanza de las Escrituras, y bajo el señorío de Jesucristo.

Mateo 3.13-17; 26.26-30; 28.19-20; Marcos 1.9-11; 14.22-26; Lucas 3.21-22; 22.19-20; Juan 3.23; Hechos 2.41-42; 8.35-39; 16.30.33; 20.7; Romanos 6.3-5; 1 Corintios 10.16,21; 11.23-29; Colosenses 2.12; Éxodo 20.8-11; Mateo 12.1-12; 28.1 y sgts.; Marcos 2.27-28; 16.1-7; Lucas 24.1-3,33-36; Juan 4.21-24; 20.1,19-28; Hechos 20.7; Romanos 14.5-10; 1 Corintios 16.1-2; Colosenses 2.16; 3.16; Apocalipsis 1.10

Artículo XXI. Acerca de la Educación Integral.

El cristianismo bíblico es la fe de la iluminación y la inteligencia, porque en Jesucristo habitan todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Todo conocimiento es, por tanto, una parte de nuestra herencia cristiana. Es natural que una persona nacida de nuevo quiera aprender y crecer en la gracia y conocimiento. Por tanto, la educación debe ir enfocada en glorificar a Cristo, predicar su Evangelio y enseñar todo el Consejo de Dios. Por ello, cada iglesia debe aportar en enseñar y formar a sus miembros, por lo que el Seminario Bíblico debe ser impartido en las iglesias locales y no solamente en los seminarios académicos. Toda iglesia local debe tener un sistema adecuado de Educación Cristiana, Escuela Dominical y Misiones, necesarios para completar el programa espiritual del Cuerpo de Cristo.

La educación cristiana es libertad académica y responsabilidad académica. La libertad en cualquier relación humana debidamente ordenada siempre es limitada y no absoluta. Todo maestro bautista, en el Seminario, Escuela, Colegio o Universidad, tiene una libertad sujeta a Cristo, a la naturaleza autoritativa de las Escrituras y al propósito distintivo de la fe bautista.

Deuteronomio 4.1,5,9,14; 6.1-10; 31.12-13; Nehemías 8.1-8; Job 28.28; Salmos 19.7 sgts. 119.11; Proverbios 3.13 y sgts.; 4.1-10; 8.1-7,11; 15.14; Eclesiastés 7.19; Mateo 5.2; 7.2 y sgts.; 28.19-20; Lucas 2.40; 1 Corintios 1.18-31; Efesios 4.11-16; Filipenses 4.8; Colosenses 2.3,8-9; 1 Timoteo 1.3-7; 2 Timoteo 2.15; 3.14-17; Hebreos 5.12-6.3; Santiago 1.5; 3.17.

Artículo XXII. Acerca del creyente y el Gobierno Civil.

Todos y cada uno de los creyentes en Cristo estamos bajo la obligación de obedecer Sus mandatos de manera que Él sea el soberano en toda nuestra vida, luchando por agradarle y ser de beneficio a la sociedad humana, de la cual somos parte. Los medios y los métodos usados para mejorar la sociedad y para establecer la justicia entre los hombres pueden ser verdadera y permanentemente útiles solamente cuando están enraizados en la regeneración del individuo por medio de la gracia salvadora de Dios en Jesucristo. Nosotros debemos trabajar para proveer para los huérfanos, los necesitados, los abusados, los ancianos, los indefensos y los enfermos. Debemos hablar a favor de los que no han nacido y luchar por la santidad de toda la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cada cristiano debe procurar hacer que la industria, el gobierno y la sociedad como un todo estén regidos por los principios de la justicia, la verdad y el amor fraternal. Para promover estos fines los Cristianos deben estar dispuestos a trabajar con todos los hombres de buena voluntad en cualquier causa, siendo siempre cuidadosos de actuar en el espíritu de amor sin comprometer su lealtad a Cristo y a su verdad.

Es el deber de todo cristiano buscar la paz con todos los hombres basándose en los principios de justicia y verdad. De acuerdo con el Espíritu y las enseñanzas de Cristo, ellos deben hacer todo lo que esté de su parte para poner fin a la guerra. El verdadero remedio al espíritu guerrero es el Evangelio de nuestro Señor. La necesidad suprema del mundo es la aceptación de sus enseñanzas en todas las relaciones de hombres y naciones, y la aplicación práctica de su ley de amor. Las personas Cristianas en todo el mundo deben orar por el reino del Príncipe de Paz, y no participar directa ni indirectamente en los eventos bélicos entre las naciones.

Éxodo 20.3-17; Levítico 6.2-5; Deuteronomio 10.12; 27.17; Salmos 101.5; Miqueas 6.8; Zacarías 8.16; Mateo 5.13-16,43-48; 22.36-40; 25.35; Marcos 1.29-34; 2.3 y sgts.; 10.21; Lucas 4.18-21; 10.27-37; 20.25; Juan 15.12; 17.15; Romanos 12-14; 1 Corintios 5.9-10; 6.1-7; 7.20-24; 10.23-11-1; Gálatas 3.26-28; Efesios 6.5-9; Colosenses 3.12-17; 1 Tesalonicenses 3.12; Filemón; Santiago 1.27; 2.8; Isaías 2.4; Mateo 5.9,38-48; 6.33; 26.52; Lucas 22.36,38; Romanos 12.18-19; 13.1-7; 14.19; Hebreos 12.14; Santiago 4.1-2.

Artículo XXIII. Acerca de la libertad religiosa.

Solamente Dios es Señor de la conciencia, y Él la ha dejado libre de las doctrinas y de los mandamientos de hombres que son contrarios a su Palabra o no contenidos en ella. Por tanto:

  1. La iglesia y el estado deben estar separados.
  2. El estado debe protección y completa libertad a toda iglesia en el ejercicio de sus fines espirituales.
  3. Al proveer tal libertad ningún grupo eclesiástico o denominación debe ser favorecido por el estado sobre otros grupos.
  4. Como el gobierno civil es ordenado por Dios, es deber de los Cristianos rendir obediencia leal en todas las cosas que no son contrarias a la voluntad revelada de Dios en las Escrituras.
  5. La iglesia no debe recurrir al poder civil para realizar su obra.
  6. El Evangelio de Cristo considera solamente los medios espirituales otorgados por el Espíritu Santo para alcanzar sus fines salvíficos.
  7. El estado no tiene derecho a imponer penalidades por opiniones religiosas de cualquier clase.
  8. El estado no tiene derecho a imponer impuestos para el sostenimiento de ninguna forma de religión.
  9. El ideal cristiano es el de una iglesia libre en un estado libre, y esto implica el derecho para todos los hombres del acceso libre y sin obstáculos a Dios, y el derecho a formar y propagar opiniones en la esfera de la religión, sin interferencia por parte del poder civil.

  10. La iglesia desobedecerá al estado cuando este violente o contradiga la Palabra de Dios.

Génesis 1.27; 2.7; Mateo 6.6-7,24; 16.26; 22.21; Juan 8.36; Hechos 4.19-20; Romanos 6.1-2; 13.1-7; Gálatas 5.1,13; Filipenses 3.20; 1 Timoteo 2.1-2; Santiago 4.12; 1 Pedro 2.12-17; 3.11-17; 4.12.19.

Artículo XXIV. Acerca de la Familia Cristiana.

Dios ha ordenado la familia como la institución fundamental de la sociedad humana, y por ello declaramos que:

  1. La familia está compuesta por personas relacionadas unas con otras por matrimonio, sangre o adopción.
  2. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto de compromiso por toda la vida delante del Señor.
  3. La familia cristiana es el don único de Dios para revelar la unión entre Cristo y Su iglesia y para proveer para el hombre y la mujer en el matrimonio un medio para compañerismo íntimo, el canal para la expresión sexual de acuerdo a los patrones bíblicos, y los medios para la procreación de la raza humana.

  4. El esposo y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, puesto que ambos fueron creados a la imagen de Dios.
  5. La relación matrimonial modela la forma como Dios se relaciona con su pueblo.
  6. Un esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. Él tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger y dirigir a su familia.
  7. Una esposa debe someterse con gracia al liderazgo como siervo de su esposo, así como la iglesia se sujeta voluntariamente a la dirección de Cristo. Ella, siendo creada a la imagen de Dios como lo es su marido, y por tanto igual a él, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su marido y servirle de ayuda en la administración del hogar y la educación de la próxima generación.

  8. Los niños, desde el momento de la concepción, son una bendición y herencia del Señor.
  9. Los padres deben demostrar a sus hijos el modelo de Dios para el matrimonio.
  10. Los padres deben enseñar a sus hijos los valores espirituales y morales, y dirigirlos, mediante el ejemplo de un estilo de vida consistente y una disciplina amorosa, para que hagan decisiones basadas en la verdad bíblica.

  11. Los hijos deben honrar y obedecer a sus padres.
  12. Dios condena y castiga el pecado sexual fuera del matrimonio, pero ningún hijo engendrado o concebido fuera del matrimonio es una maldición, aunque el pecado sexual sea detestable ante Dios, y estos niños deben ser criados en la disciplina y el temor del Señor.

Génesis 1.26-28; 2.15-25; 3.1-20; Éxodo 20.12; Deuteronomio 6.4-9; Josué 24.15; 1 Samuel 1.26-28; Salmos 51.5; 78.1-8; 127; 128; 139.13-16; Proverbios 1.8; 5.15-20; 6.20-22; 12.4; 13.24; 14.1; 17.6; 18.22; 22.6,15; 23.13-14; 24.3: 29.15,17; 31.10-31; Eclesiastés 4.9-12; 9.9; Malaquías 2.14-16; Mateo 5.31-32; 18.2-5; 19.3-9; Marcos 10.6-12; Romanos 1.18-32; 1 Corintios 7.1-16; Efesios 5.21-33; 6.1-4; Colosenses 3.18-21; 1ª Timoteo 5.8,14; 2 Timoteo 1.3-5; Tito 2.3-5

Artículo XXV. Acerca de los ángeles.

  1. Dios es el Creador de todas las cosas, incluyendo a todos los ángeles, tanto buenos como caídos.
  2. Los ángeles santos son guardados eternamente en su estado de santidad.
  3. Satanás es un ángel creado por Dios, que pecó contra Él. Se constituyó enemigo de Dios y de los creyentes. Es poderoso (pero No todopoderoso), Cristo lo ha vencido por Su obra en la cruz, haciendo posible la victoria en la vida cristiana y determinando su fin, que es el lago de fuego, donde irá junto con todos los ángeles caídos, que han sido sacados del cielo.

Ez. 28, Is. 14, Gn 3:15, Jn. 12:31,16:11, Col. 2:14-15, Ap.12:7,12; 20:1-3,7.

Artículo XXVI. Acerca de la demonología.

  1. Que actualmente no hay visiones, sueños ni manifestaciones sobrenaturales, ni apóstoles ni profetas.
  2. Que los demonios son ángeles caídos que promueven y enseñan todas estas actividades en las iglesias no nacidas de nuevo, y que por ello, no son de Cristo.
  3. Que la actividad demoníaca es una actividad actual, manifestada en falsos profetas y maestros, y en la drogadicción, farmacodependencia y actividades contra la fe cristiana y la familia.
  4. Que la única revelación y medio divinos para hablar al hombre es la Escritura y la obra de iluminación del Espíritu Santo.

Dan. 9:26; He. 2:1-2; 1ª Cor. 13:8-10; 2ª Pedro 2; 2ª Tim. 3:1-14.

Artículo XXVII. Acerca de la Resurrección y Eventos relacionados.

Creemos y aceptamos que las Sagradas Escrituras ponen especial énfasis en esta esperanza. Que los muertos resucitarán físicamente, tanto justos como injustos; los unos para la felicidad eterna y los otros para la perdición eterna. Que los espíritus de los muertos en Cristo pasan inmediatamente a la presencia del Señor, mientras sus cuerpos esperan el día de la resurrección.

Acerca de la Resurrección, creemos que los muertos en Cristo resucitarán primero; que los santos vivientes seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; que el Señor Dios le dará a Jesús el trono de David su padre; y que Cristo reinará mil años en la justicia hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

Mat. 28: 6-7; Hechos 24:39; Juan 20:27; 1 Cor. 15: 4; Marcos 16: 6; Lucas 24: 2-7; Hechos 1: 9, 11; Lucas 24:51; Marcos 16:19; Rev. 3:21; He. 8: 1; He. 12: 2; He. 8: 6; I Tim. 2: 5; I Juan 2: 1; He. 02:17; He. 5: 9-10; Juan 14: 3; I Tes. 04:16; Mateo 24: 27, 42; He. 09:28; I Cor. 15: 42-44, 51 a 53; I Tes. 04:17; Phil. 3: 20-21; Lucas 1:32; I Cor. 15:25; Es un. 11: 4-5; Sal. 72: 8, Apocalipsis 20: 1-4; Apocalipsis 20: 6; 1 Co. 15; 2 Co. 5:1-8; Ap. 20:11-15.

Artículo XXVIII. Acerca de la Segunda Venida de Cristo.

Creemos en el Rapto y la Segunda Venida de Cristo. La venida del Señor en las nubes para arrebatar a su iglesia es inminente, personal y corporal, y que sucederá antes de la tribulación. Que la venida del Señor a esta tierra para establecer su Reino Mesiánico será en la gloria de su Padre y acompañado por sus santos. Creemos en la Venida Por Sus santos (el Rapto), y la Venida Con Sus santos (el Reino Milenario).

Jn.14:3; 1 Ts. 4:15,17; 1 Co. 15:51-54; FiI3:20,21; Dn.2:44; Hch 1:11; Ap. 11:15; 19:11-16.

1 Según 1ª Corintios 12:13, el bautismo del Espíritu Santo, que se efectúa en la conversión, hace al creyente miembro del “Cuerpo de Cristo”, y es inmediatamente incluido en una iglesia local mediante el bautismo en agua. En este sentido particular y general, el “Cuerpo de Cristo” es la unidad de todos los creyentes “verdaderos”, y no refiere a la “iglesia confesional”, llamados a ser luz visible en el mundo. En el verso 27 se menciona que la iglesia local “es el cuerpo de Cristo”, y no habla de la iglesia universal. Pablo aplica esa relación de “cuerpo” a la iglesia local. Pocas veces se utiliza el término “iglesia” y “cuerpo” como una referencia a la reunión de todas las iglesias de Cristo en el cielo, después del Rapto.